29.11.08

Dicen:

Desear o morir
por Jimena Repetto

La sensualidad suele ser un discurso que calla su deseo, mientras anhela que el otro interprete, entre el ruido, aquel silencio. Hay un juego tácito entre quien busca y llama con palabras que atraen como el polen de la flor a ser fecundada. Para el espectador, el título de una obra puede operar como el velo de esperanza en la que él mismo funda el espectáculo. Los Sensuales, título de la obra de Alejandro Tantanian, en este sentido, advierte y reclama que nos entreguemos a un melodrama. Esperamos entonces amores imposibles que quiebren los mandatos sociales, destinos trágicos y cruzados, parentescos desconocidos y por conocer y, por sobre todo, el desborde de las pasiones.

La trama comienza con el asesinato de Teodoro Tigrov. Ya desde la ejecución coreográfica de este primer hecho fundante, se despliega un ejercicio de los actores con el cuerpo que después se registrará en toda la obra. Y no sólo el movimiento y la danza tendrán lugar en escena, sino también las canciones de amor (o desamor) que cantan los personajes y el sonido de un piano que se expande.

Los cinco sospechosos de haber matado a Teodoro son sus hijos, quienes, sin embargo, desconocen que comparten el mismo padre. Odette Malheur, amante de Teodoro, decide averiguar quién es el asesino y para ello convoca a sus dos hermanos, Lise y Alberto Malheur. La interpretación es deslumbrante y realmente los actores logran ser sus personajes, generar amor y desazón en quien los ve y escucha.

Este melodrama, que deviene en tragedia cuando el amor es imposible, donde se cruzan incestos con identidades ocultas, provoca, sugiere y coloca a quien se haga presente en la sala en un eclipse de emociones.

Todo esto ocurre, de forma deslumbrante y original, será por eso que nos sentimos cautivados, suspendidos como las abejas minutos antes de posarse en las flores.

No hay comentarios.: